Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Alertados por su uniforme y por la severidad de su rostro, los de rango inferior guardaban silencio cuando pasaba, o reducÃan sus voces a susurros o murmullos inaudibles. Entre los estudiantes, sin embargo, habÃa numerosos jóvenes vehementes que desdeñaban envalentonados moderar la expresión de sus sentimientos o bajar su tono. En una de las esquinas de la plaza, un nutrido grupo de ellos llamaban la atención, tanto por el lugar destacado que ocupaban en los escalones del pórtico de una iglesia como por el estrépito de sus voces. Hacia ellos dirigió sus pasos el oficial. Probablemente, ningún amante de los espectáculos tendrÃa que esperar mucho para presenciar una explosión entre dos bandos igualmente dispuestos a ofenderse imprudentemente. Pero, desde la esquina opuesta de la plaza, se acercaba en ese momento un joven con ropas de calle que atrajo la atención general de la multitud, y el estruendo de los saludos de bienvenida ahogó los demás sonidos.
—¡Larga vida a nuestro lÃder! ¡Bienvenido, buen Max! —resonó por la plaza.
—¡Saludos a nuestro hermano! —clamaban los estudiantes.
