Klosterheim o La Mascara

Klosterheim o La Mascara

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Animado por la proximidad de sus aliados, el príncipe comenzó a tomar medidas severas en Klosterheim. En aquellos días los príncipes menores de Alemania eran unos tiranos gracias a sus privilegios. Y si en algunos casos, poco frecuentes, ejercían estos privilegios con bondad, sus súbditos eran plenamente conscientes de que estaban en deuda por esa extraña indulgencia con el carácter y la afable naturaleza del príncipe, y no con la firme protección de la ley. Pero los príncipes alemanes más razonables y pacíficos no habían aprendido aún en aquellos días a tolerar la oposición. Y el Landgrave era, por naturaleza y por su sombrío carácter, el último hombre que aprendería esa lección. Ya se había enfrentado bastante con la oposición de la corporación cívica y la Universidad como para excitar sus ansias de venganza. Se había propuesto una generosa indemnización para su orgullo herido, y pensaba que había llegado el momento de llevar a cabo sus estratagemas más vengativas. Los suecos se encontraban cerca, y una pequeña lucha con los ciudadanos quitaría de en medio todos los obstáculos para su entrada en la guarnición. Aunque, por alguna secreta razón, deseaba evitar este extremo, si fuera posible. Maximiliano también estaba ausente, y quizás no regresara nunca. Se rumoreaba incluso que había muerto; y, aunque la prudencia de Adorni y del Landgrave les impulsaba a restar credibilidad a lo que podría ser un engaño político del partido opuesto, lo que sí era cierto es que el joven general se encontraba alejado de Klosterheim por alguna causa imperiosa, y durante su ausencia, larga o corta, el Landgrave tenía la intención de reformar las cosas de manera que su regreso fuese inútil.


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