Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces?…
–Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.
Ella se sonrió, desdeñosa:
–¡No, no te creo tanto!
–Ni yo, jamás, te hubiera creÃdo tanto a ti… ¡tisiquilla!
–¡Qué! ¿qué dijiste?…
–¡Nada!
–¡SÃ, te oà algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!
Mazzini se puso pálido.
–¡Al fin! –murmuró con los dientes apretados.– ¡Al fin, vÃbora, has dicho lo que querÃas!
–¡SÃ, vÃbora, sÃ! ¡Pero yo he tenido padres sanos! ¿Oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!
Mazzini explotó a su vez.
–¡VÃbora tÃsica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, vÃbora!