Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte De pronto Nébel sintió que estaban solos, y la imagen de la madre surgió nÃtida: «Se va para que en el transporte de mi amor reconquistado pierda la cabeza, y el matrimonio sea asà forzoso». Pero en ese cuarto de hora de goce final que le ofrecÃan adelantado a costa de un pagaré de casamiento, el muchacho de dieciocho años sintió –como otra vez contra la pared– el placer sin la más leve mancha, de un amor puro en toda su aureola de poético idilio.
Sólo Nébel pudo decir cuán grande fue su dicha recuperada en pos del naufragio. El también olvidaba lo que fuera en la madre explosión de calumnia, ansia rabiosa de insultar a los que no lo merecen. Pero tenÃa la más frÃa decisión de apartar a la madre de su vida, una vez casados. El recuerdo de su tierna novia, pura y riente en la cama que se habÃa destendido una punta para él, encendÃa la promesa de una voluptuosidad Ãntegra, a la que no habÃa robado prematuramente el más pequeño diamante.
A la noche siguiente, al llegar a lo de Arrizabalaga, Nébel halló el zaguán oscuro. Después de largo rato la sirvienta entreabrió la ventana.
–¿Han salido? –preguntó él extrañado.
–No, se van a Montevideo… Han ido al Salto a dormir a bordo.
–¡Ah! –murmuró Nébel aterrado. TenÃa una esperanza aún.