Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –Ah, ya me parecÃa… –y recogiendo hacia ella un silloncito romano, se sentó cruzada de piernas, con la cara sostenida en la mano.
– Sigan; ya escucho.
–Contaba a Durán –dijo Ayestarain– que casos como el que le ha pasado a usted en su enfermedad son raros, pero hay algunos. Un autor inglés, no recuerdo cuál, cita uno. Solamente que es más feliz que el suyo.
–¿Más feliz? ¿Y por qué?
–Porque en aquél no hay fiebre, y ambos se aman en sueños. En cambio, en este caso, usted era únicamente quien amaba…
¿Dije ya que la actitud de Ayestarain me habÃa parecido siempre un tanto tortuosa respecto de mÃ? Si no lo dije, tuve en aquel momento un fulminante deseo de hacérselo sentir, no solamente con la mirada. Algo no obstante de ese anhelo debió percibir en mis ojos, porque se levantó riendo:
–Los dejo para que hagan las paces.
–¡Maldito bicho! –murmuré cuando se alejó.
–¿Por qué? ¿Qué le ha hecho?
–DÃgame, MarÃa Elvira –exclamé–. ¿Le ha hecho el amor a usted alguna vez?
–¿Quién, Ayestarain?
–SÃ, él.