Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte En este estado de énfasis, vieron a cien metros de ellos varias vacas detenidas a orillas del camino, y encaminándose allá llegaron a la tranquera, cerrada con cinco robustos palos. Las vacas estaban inmóviles, mirando fijamente el verde paraÃso inalcanzable.
–¿Por qué no entran? –preguntó el alazán a las vacas.
–Porque no se puede –le respondieron.
–Nosotros pasamos por todas partes –afirmó el alazán, altivo–. Desde hace un mes pasamos por todas partes.
Con el fulgor de su aventura, los caballos habÃan perdido sinceramente el sentido del tiempo. Las vacas no se dignaron siquiera mirar a los intrusos.
–Los caballos no pueden –dijo una vaquillona movediza–. Dicen eso y no pasan por ninguna parte. Nosotras sà pasamos por todas partes.
–Tienen soga –añadió una vieja madre sin volver la cabeza.
– ¡Yo no, yo no tengo soga! –respondió vivamente el alazán–. Yo vivÃa en las capueras y pasaba.
–¡SÃ, detrás de nosotras! Nosotras pasamos y ustedes no pueden.
La vaquillona movediza intervino de nuevo: