Cuentos de la selva
Cuentos de la selva Y las más espléndidas de todas eran las vÃboras de coral que estaban vestidas con larguÃsimas gasas rojas, blancas y negras, y bailaban como serpentinas. Cuando las vÃboras danzaban y daban vueltas apoyadas en la punta de la cola, todos los invitados aplaudÃan como locos.
Sólo los flamencos, que entonces tenÃan las patas blancas, y tienen ahora como antes la nariz muy gruesa y torcida, sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no habÃan sabido cómo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las vÃboras de coral. Cada vez que una vÃbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los flamencos se morÃan de envidia.
Un flamenco dijo entonces:
—Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las vÃboras de coral se van a enamorar de nosotros.
Y levantando todos juntos el vuelo, cruzaron el rÃo y fueron a golpear en un almacén del pueblo.
—¡Tan-tan! —pegaron con las patas.
—¿Quién es? —respondió el almacenero.
—Somos los flamencos. ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?
—No, no hay —contestó el almacenero—. ¿Están locos? En ninguna parte van a encontrar medias asÃ.