Cuentos de la selva
Cuentos de la selva —¿Por qué no querrá mamá —se dijo— que vaya a buscar nidos en el campo?
Estaba pensando asà cuando oyó, muy lejos, el canto de un pájaro.
—¡Qué canto tan fuerte! —dijo admirado—. ¡Qué huevos tan grandes debe tener ese pájaro!
El canto se repitió. Y entonces el coatà se puso a correr por entre el monte, cortando camino, porque el canto habÃa sonado muy a su derecha. El sol caÃa ya, pero el coatà volaba con la cola levantada. Llegó a la orilla del monte, por fin, y miró al campo. Lejos vio la casa de los hombres, y vio a un hombre con botas que llevaba un caballo de la soga. Vio también un pájaro muy grande que cantaba y entonces el coaticito se golpeó la frente y dijo:
—¡Qué zonzo soy! Ahora ya sé qué pájaro es ése. Es un gallo; mamá me lo mostró un dÃa de arriba de un árbol. Los gallos tienen un canto lindÃsimo, y tienen muchas gallinas que ponen huevos. ¡Si yo pudiera comer huevos de gallina!…
Es sabido que nada gusta tanto a los bichos chicos de monte como los huevos de gallina. Durante un rato el coaticito se acordó de la recomendación de su madre. Pero el deseo pudo más, y se sentó a la orilla del monte, esperando que cerrara bien la noche para ir al gallinero.