Cuentos de la selva
Cuentos de la selva —No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habrÃa necesitado de ese esfuerzo, si hubiera trabajado como todas. Me he cansado tanto volando de aquà para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirà aquella noche. Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos —la felicidad de todos— es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofÃa en la vida de un hombre y de una abeja.