El potro salvaje y otros cuentos
El potro salvaje y otros cuentos El pozo del fox-terrier —agotada su fuente— perdÃa dÃa a dÃa su agua verdosa, y ahora tan caliente que Yaguaà no iba a él sino de mañana, si bien hallaba rastros de apereás, agutÃes y hurones, que la sequÃa del monte forzaba hasta el pozo.
En vuelta de su baño, el perro se sentaba de nuevo, viendo aumentar poco a poco el viento, mientras el termómetro, refrescando a quince al amanecer, llegaba a cuarenta y uno a las dos de la tarde. La sequedad del aire llevaba a beber al foxterrier cada media hora, debiendo entonces luchar con las avispas y abejas que invadÃan los baldes, muertas de sed. Las gallinas, con las alas en tierra, jadeaban, tendidas a la triple sombra de los bananos, la glorieta y la enredadera de flor roja, sin atreverse a dar un paso sobre la arena abrasada, y bajo un sol que mataba instantáneamente las hormigas rubias.
