El Salvaje
El Salvaje Como es bien sabido, en el cielo se rememora la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo mucho más que en la tierra. La luz angélica es reemplazada cada aniversario por los propios destellos del EspÃritu Santo. Pero como la fluorescencia divina es silenciosa, entreábrense en esta ocasión las cortinas inferiores, y llega asà hasta el cielo la armonÃa de los mundos que antes creó el Señor: es la única música.
Bien se comprende que Dios —Causa, Efecto, Presencia y AlegrÃa de todo y de sà mismo— se halla muy por encima de todo festejo. En cambio, a Jesucristo, que tuvo demasiado tiempo forma y quebrantos de hombre, no le es dada la absoluta serenidad del Padre, siendo de ahà susceptible de variación de ánimo. El viernes santo está consagrado a su gloria particular, a fin de que ésta irradie sobre el mundo girante allá abajo.
Es vieja costumbre que las almas de todos aquellos que tuvieron trato con Jesús organicen ese dÃa un glorioso desfile delante de él, hosanna a la Bondad-Tolerancia-Caridad, triángulo divino de su peregrinaje por la Tierra.
Ahora bien, a fines del siglo XVIII, dicha fiesta viose profundamente turbada; véase de qué manera.
