El Salvaje
El Salvaje »¡Amplio lugar!… Ésta es una simple expresión. Jamás los tres cuartos de asiento abandonados por una muchacha a su vecino le son suficientes. Después de moverse y removerse a su gusto, le invade de pronto una inmovilidad extraordinaria, a punto de creérsele paralÃtico. Esto es una simple apariencia; porque si una persona lo observa desconfiando de esa inmovilidad, nota que el cuerpo del señor, insensiblemente, con una suavidad que hace honor a su mirada distraÃda, se va deslizando poco a poco por un plano inclinado hacia la ventanilla, donde está precisamente la chica que él no mira ni parece importarle absolutamente nada.
»Asà son: podrÃa jurarse que están pensando en la luna. Entretanto, el pie derecho (o el izquierdo) continúa deslizándose imperceptiblemente por el plano inclinado.
»Confieso que en estos casos tampoco me aburro. De una simple ojeada, al correrme hacia la ventanilla, he apreciado la calidad de mi pretendiente. Sé si es un audaz de primera instancia, digamos, o si es de los realmente preocupantes. Sé si es un buen muchacho, o si es un tipo vulgar. Si es un ladrón de puños, o un simple raterillo; si es un seductor (el séduisant, no séducteur, de los franceses), o un mezquino aprovechador.