El Salvaje
El Salvaje Yo conocà una vez a un hombre que valÃa más que su obra. Emerson anota que esto es bastante común en los individuos de carácter. Lo que hizo mi hombre, aquello que él consideraba su obra definitiva, no valÃa cinco centavos; pero el resto, el material y los medios para obtener eso fácilmente no lo volverá a hacer nadie.
Los protagonistas son un hombre y su mujer. Pero intervienen un caballo, en primer término; un maestro de escuela rural; un palacio encantado en el bosque, y mi propia persona, como lazo de unión.
Hela aquÃ, la historia.
Hace seis años —a mediados de 1913— llegó hasta casa, en el monte de Misiones, un sujeto joven y rubio, alto y extremadamente flaco. Tipo eslavo, sin confusión posible. HacÃa posiblemente mucho tiempo que no se afeitaba; pero como no tenÃa casi pelo en la cara, toda su barba consistÃa en una estrecha y corta pelusa en el mentón —una barbicha, en fin—. Iba vestido de trabajo; botas y pantalón rojizo, de género de maletas, con un vasto desgarrón cosido a largas puntadas por mano de hombre. Su camisa blanca tenÃa rasgaduras semejantes, pero sin coser.
