Los desterrados
Los desterrados Estos originales encuentros se tornaron más frecuentes al mediar el invierno, en que el socio de Rivet emprendió la fabricación de alcohol de naranja, bajo la dirección del quÃmico. Concluida esta empresa con la catástrofe de que damos cuenta en otro relato, Rivet concurrió todas las noches al bar, con su esbeltito traje negro. Y como don Juan pasaba en esos momentos por una de sus malas crisis, tuvieron ambos ocasión de celebrar vis-à -vis fantásticos, hasta llegar al último, que fue el decisivo.
Por las razones antedichas y el manifiesto lucro que el dueño del bar obtenÃa con ellas, éste pasaba las noches en blanco, sin otra ocupación que atender los vasos de los dos socios, y cargar de nuevo la lámpara de alcohol. FrÃo, habrá que suponerlo en esas crudas noches de junio. Por ello el bolichero se rindió una noche, y después de confiar a la honorabilidad de Brown el resto de la damajuana de caña, se fue a acostar. De más está decir que Brown era únicamente quien respondÃa de estos gastos a dúo.
Don Juan, pues, y monsieur Rivet quedaron solos a las dos de la mañana, el primero en su lugar habitual, duro e impasible como siempre, y el quÃmico paseando agitado con la frente en sudor, mientras afuera caÃa una cortante helada.