Más alla
Más alla —SÃ. Hasta luego, amor mÃo…
Y nos separamos. Volvà a casa lentamente, feliz y desahogada como si regresara de la primera cita de amor que se repetirÃa esa noche.
A las nueve en punto corrÃa a la puerta de calle y recibà yo misma a mi novio. ¡Él en casa, de visita!
—¿Sabes que la sala está llena de gente? —le dije—. Pero no nos incomodarán.
—Claro que no… ¿Estás tú all�
—SÃ.
—¿Muy desfigurada?
—No mucho, ¿creerás? ¡Ven, vamos a ver!
Entramos en la sala. A pesar de la lividez de mis sienes, de las aletas de la nariz muy tensas y las ventanillas muy negras, mi rostro era casi el mismo que Luis esperaba ver durante horas y horas desde la esquina.
—Estás muy parecida —dijo él.
—¿Verdad? —le respondà yo, contenta. Y nos olvidamos enseguida de todo, arrullándonos.
Por ratos, sin embargo, suspendÃamos nuestra conversación y mirábamos con curiosidad el entrar y salir de las gentes. En uno de esos momentos llamé la atención de Luis.
—¡Mira! —le dije—. ¿Qué pasará?