Más alla
Más alla Debo advertir aquÃ, para que sea más comprensible mi absurda situación, que yo jamás me he preocupado del destino de la humanidad ni de cosas semejantes. He trabajado toda mi vida para salir adelante, y nunca vi en los hombres otra cosa que compañeros; de lucha, más o menos enérgicos, más o menos incapaces, pero prontos todos para abrir los codos si yo no lograba adelantar bien el pecho. Me he hecho un hombre libre sin la ayuda de nadie, y si no soy un intelectual en el sentido que se da a esta palabra, me he roto el alma en el cálculo de los diques del norte. Conozco también el valor del alma humana cuando se la somete a rudas pruebas. Sé lo que es el hambre mientras se estudia, y el hambre cuando se tiene por delante un dÃa y una noche enteros un pilar en construcción que amenaza ceder bajo una avenida de agua imprevista. Conozco más que algunos la energÃa que cabe en el solo corazón de un hombre cuando se debe a la responsabilidad de una vasta obra. Pero nunca se me ha ocurrido escribir sobre esto ni sobre el destino de la vida. Visto esto, pues, ¿de dónde he podido yo sacar mi libro?