Más alla
Más alla »Debo confesarle —prosiguió Rosales con voz un poco lenta— que al principio tuve algunas dificultades. Por un desvÃo de la imaginación, posiblemente, corporicé algo sin nombre… De esas cosas que deben quedar para siempre del otro lado de la tumba. Vino a mÃ, y no me abandonó por tres dÃas. Lo único que eso no podÃa hacer era trepar a la cama… Cuando hace una semana llegó usted a casa, hacÃa ya dos horas que no lo veÃa, y por eso di orden de que lo hicieran pasar a usted. Pero al sonar sus pasos lo vi crispado al borde de la cama, tratando de subir… No, no es cosa que conozcamos en este mundo… Era un desvarÃo de la imaginación. No volverá más. Al dÃa siguiente jugué mi vida al arrancar de la pelÃcula a nuestra invitada de esta noche… Y la salvé. Si se decide usted un dÃa a corporizar la vida equÃvoca de la pantalla, tenga cuidado, señor Grant… Más allá y detrás de este instante mismo, está la Muerte… Suelte su imaginación, azúcela hasta el fondo… Pero manténgala a toda costa en la misma dirección bien atraillada, sin permitirle que se desvÃe… Ésta es tarea de la voluntad. El ignorarlo ha costado muchas existencias… ¿Me permite usted un vulgar sÃmil? En un arma de caza, la imaginación es el proyectil, y la voluntad es la mira. ¡Apunte bien, señor Grant! Y ahora, vamos a ver a nuestra amiga, que debe estar ya repuesta de su fatiga. PermÃtame usted que lo guÃe.