Más alla
Más alla Son ellas las que zumban. Desde que he caÃdo han acudido sin demora. Amodorradas en el monte por el ámbito de fuego, las moscas han tenido, no sé cómo, conocimiento de una presa segura en la vecindad. Han olido ya la próxima descomposición del hombre sentado, por caracteres inapreciables para nosotros, tal vez en la exhalación a través de la carne de la médula espinal cortada. Han acudido sin demora y revolotean sin prisa, midiendo con los ojos las proporciones del nido que la suerte acaba de deparar a sus huevos.
El médico tenÃa razón. No puede su oficio ser más lucrativo.
Mas he aquà que esta ansia desesperada de resistir se aplaca y cede el paso a una beata imponderabilidad. No me siento ya un punto fijo en la tierra, arraigado a ella por gravÃsima tortura. Siento que fluye de mà como la vida misma, la ligereza del vaho ambiente, la luz del sol, la fecundidad de la hora. Libre del espacio y el tiempo, puedo ir aquÃ, allá, a este árbol, a aquella liana. Puedo ver, lejanÃsimo ya, como un recuerdo de remoto existir, puedo todavÃa ver, al pie de un tronco, un muñeco de ojos sin parpadeo, un espantapájaros de mirar vidrioso y piernas rÃgidas. Del seno de esta expansión, que el sol dilata desmenuzando mi conciencia en un billón de partÃculas, puedo alzarme y volar, volar…