Más alla
Más alla «Desde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental».
«Cierta mañana llegó al manicomio un hombre escuálido, de rostro macilento, que se tenÃa malamente en pie. Estaba cubierto de andrajos y articulaba tan mal sus palabras que era necesario descubrir lo que decÃa. Y, sin embargo, según afirmaba con cierto alarde su mujer al internarlo, ese maquinista habÃa guiado su máquina hasta pocas horas antes».
«En un momento dado de aquel lapso, un señalero y un cambista alienados trabajaban en la misma lÃnea y al mismo tiempo que dos conductores, también alienados».
«Es hora, pues, dados los copiosos hechos apuntados, de meditar ante las actitudes fácilmente imaginables en que podrÃa incurrir un maquinista alienado que conduce un tren».
Tal es lo que leo en una revista de criminologÃa, psiquiatrÃa y medicina legal, que tengo bajo mis ojos mientras me desayuno.
Perfecto. Yo soy uno de esos maquinistas. Más aún: soy conductor del rápido del Continental. Leo, pues, el anterior estudio con una atención también fácilmente imaginable.
