Más alla
Más alla Ese padre ha debido luchar fuertemente contra lo que él considera su egoÃsmo. ¡Tan fácilmente una criatura calcula mal, sienta un pie en el vacÃo y se pierde un hijo!
El peligro subsiste siempre para el hombre en cualquier edad; pero su amenaza amengua si desde pequeño se acostumbra a no contar sino con sus propias fuerzas.
De este modo ha educado el padre a su hijo. Y para conseguirlo ha debido resistir no sólo a su corazón, sino a sus tormentos morales; porque ese padre, de estómago y vista débiles, sufre desde hace un tiempo de alucinaciones.
Ha visto, concretados en dolorosÃsima ilusión, recuerdos de una felicidad que no debÃa surgir más de la nada en que se recluyó. La imagen de su propio hijo no ha escapado a este tormento. Lo ha visto una vez rodar envuelto en sangre cuando el chico percutÃa en la morsa del taller una bala de parabellum, siendo asà que lo que hacÃa era limar la hebilla de su cinturón de caza.
Horrible caso… Pero hoy, con el ardiente y vital dÃa de verano, cuyo amor a su hijo parece haber heredado, el padre se siente feliz, tranquilo, y seguro del porvenir.
En ese instante, no muy lejos suena un estampido.
—La Saint-Étienne… —piensa el padre al reconocer la detonación—. Dos palomas de menos en el monte…