Pasado amor
Pasado amor La entrevista de Morán y Magdalena tuvo la brevedad de un relámpago. Y lo que durante ella tuvo Morán por delante fue el espectro traspasado de dolor de su Magda que habÃa dejado de ver. Era sin duda la misma bella criatura; pero su mirada ahora demasiado profunda; y la misma dicha de verlo, surgÃa en su semblante en una sonrisa esforzada, inerte, como si apenas pudiera vencer los rictus ya adquiridos por el constante sufrir.
—Vida adorada mÃa… —murmuró Morán, buscando en las mallas del tejido los dedos de su amor que, dóciles, venÃan ya a su boca.
Magdalena, a pesar del breve tiempo de que disponÃan, sentÃase demasiado feliz para hablar. Arrancó por fin su mano, y mirándolo, como se mira desde el fondo de un gran dolor un porvenir que puede ocultar un dolor más grande aún:
—Dime: ¿me querrás siempre como me quieres ahora?
—SÃ, sÃ…
—¿No me abandonarás nunca? ¿Me tendrás a tu lado por toda la eternidad?
—¡Magda mÃa, mi amor!…
—Bien; eso querÃa saber. Ya no puedo estar más… En el poste esquinero del camino hay un hueco que no se ve desde adentro. Pon ahà los tubos. Vete, ahora.
—¡Magda!
