Pasado amor
Pasado amor —Ekdal —dijo Morán a éste diez dÃas después de lo anterior—: tengo gran interés en hablar con Salvador, y temo mucho que no acepte una entrevista conmigo, si la solicito directamente. Me parece, en cambio, que no se opondrÃa a hacerlo si usted lo invita a charlar aquà conmigo. ¿Quiere hacerme el favor de hacérselo saber?
—Con gran gusto, Morán. ¿Cuándo?
—Hoy o mañana; me es indiferente.
—Bien, mañana entonces.
Durante el té que al dÃa siguiente reunÃa a Salvador y Morán en lo de Ekdal, ni uno ni otro dejaron traslucir la tormenta que se fraguaba entre ellos. Pero, cuando recostados de brazos ante la baranda del tapir estuvieron por fin solos, la expresión de ambos cambió.
—Yo creo, Salvador —comenzó Morán—, que vale la pena de que hablemos una vez por todas, y por esto le he solicitado esta entrevista. Ustedes no ignoran lo profundamente ligados que estamos Magdalena y yo. Saben como nosotros mismos que nada ni nadie podrá separarnos. Y a pesar de esto, prosiguen ustedes en su oposición feroz, como si yo fuera el último de los miserables.
—No es eso…
