Pasado amor
Pasado amor En Iviraromí, que había vivido todo el invierno de su drama de amor, la noticia de su matrimonio debía haber corrido como pólvora y llegado en seguida a los oídos de los Hontou.
El día anterior, al caer la noche, Morán había refrenado bruscamente el galope de su caballo ante un chico detenido a la linde del camino.
—¿Qué pasa, pibe?
—Es Alicia, de los Hontou… —había respondido el chico—. Dice que quiere verlo, don Morán…
Un hombre, esté en el caso en que esté, no siente su conciencia tranquila cuando una mujer, al enviarle decir que quiere verlo, le recuerda con ello que él le ha jurado amor eterno. Titubeó un momento. Y arrancando de nuevo al galope:
—Está bien; decile que dentro de tres o cuatro días iré.
Dentro de dos días él se iba de allí; pero con tal respuesta aquietaba a su modo su conciencia.
Y he aquí que mientras, bañado ya, charlaba con Aureliana de cuanto quedaba aún por hacer en su casa, llegaba de nuevo el chico del crepúsculo anterior con una carta de Alicia.
Don Máximo: He oído decir que usted se va, y yo quiero verlo antes. Por lo que más quiera en este mundo, venga esta noche. Quiero verlo nada más, don Máximo. ¡Venga, venga esta noche!