Pasado amor
Pasado amor —SerÃa bueno, señor, que llevara el capote —recomendó Aureliana a su patrón, cuando éste hubo montado a caballo.
Morán echó una ojeada a todo el contorno del cielo. Hacia el oeste, tras el rÃo, gruesos cúmulos de base oscura ascendÃan como en erupción, los unos sobre los otros, resquebrajados por bruscas conmociones de luz lÃvida. No se movÃa una hoja. En todos los demás puntos del cuadrante el cielo estaba despejado, pero con un ligero velo de asfixia. Las gallinas se habÃan recogido muy temprano. La tormenta, de desencadenarse, no lo harÃa hasta muy tarde.
—No hace falta —dijo Morán—. Volveré en seguida a cenar. ¿Encontró los bueyes el carrero?
—SÃ, señor. Dice que a mediodÃa sin falta estará aquÃ.
—¿Estuvo Floriano?
—También, señor. De aquà a tres dÃas estarán listas las tablas.
—¿Y el rozado del bananalcué?
—No me acordé, señor…
—Bien; acuérdate, Aureliana.
