Pasado amor
Pasado amor Es inútil cuanto hemos hecho y hagamos —decÃale más o menos Magdalena—. Estoy convencida de que para nosotros no hay salvación. Esta carta no me ha sido dictada por nadie, puedes estar plenamente convencido. OlvÃdame y adiós.
Al concluir de leer, Morán quedó inmóvil. ¿Qué podÃa hacer, si no era percibir, bajo el gran cielo atormentado, la vaciedad sin lÃmites de su existencia?
Las ilusiones de un hombre cuyas sienes platean, viven, no sólo de su porvenir, sino de su presente y de su pasado, pues impregnan con sus raÃces toda su personalidad. Y esas raicillas terminales, al ser arrancadas, dejan en el cuerpo muerto un sabor más amargo que la hiel.
«Para nosotros no hay salvación». Con esta palabra expresaba Magdalena toda la lucha de su voluntad. A la presión católica, al terror del infierno, a la condenación de su alma, habÃa confiado la familia su carta definitiva en el juego contra Morán. DebÃase fingir el consentimiento, tal como lo habÃa sugerido Salvador. Inducido Morán a precipitar las cosas, debÃa caer en la trampa tendida. Jamás habÃan consentido los IñÃguez en ese matrimonio. Pero forzando con ello a Magdalena a decidirse entre Morán y el espectro de su madre arrastrada a las llamas del infierno por su proceder, Magdalena debÃa quebrarse, y escribir por su sola cuenta. Es lo que habÃa hecho.