Pasado amor
Pasado amor —¿No va a cenar, señor? —preguntó Aureliana, quien no presagiando nada bueno del silencio de su patrón, lo habÃa seguido a unos pasos de distancia.
—No, gracias —respondió Morán.
Pero alguien ascendÃa desde el camino a la casa: y al oÃr los pasos en el pedregullo, Morán tuvo la sensación de un nuevo choque en el sitio todavÃa dolorosÃsimo del golpe anterior.
—No estoy en casa para nadie —advirtió a Aureliana, mientras proseguÃa hacia el galpón con su caballo de tiro.
Un instante después regresaba su sirvienta cautelosa.
—Es…
—¡Váyase al diablo! —explotó Morán.
Aureliana estaba ya a diez metros. Pero como al pasar tras el taller, Morán viera la silueta inmóvil del visitante en medio del patio, avanzó resueltamente hacia ella.
No era el mensajero que temÃa, sino Miguel Hontou.
—Buenas noches, don Morán… —saludó el visitante, quitándose el sombrero.
