Pasado amor

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XIII

Llegó por fin el 30 de julio. Morán estuvo todo el día muy ocupado en el monte, al punto de que no había concluido aún de vestirse cuando su presencia fue solicitada por dos veces en lo de Iñíguez, conforme lo hemos anotado. Desde lejos vio los míseros farolitos colgados en doble línea, a quince o veinte metros unos de otros. Y vio asimismo, al doblar el codo de la quinta, unas cuantas pobres mujeres con sus chicos en brazos, que desde lejos miraban proyectarse las sombras tras la gran vidriera.

El retraso de Morán no ocasionó trastornos, a pesar de todo, pues se había resuelto no comenzar la comida hasta las once, por no llegar hasta esa hora los recién casados.

—Fíjese en el tino de la señora —murmuró Inés Ekdal al oído de Morán—. Pablo y su mujer llegan cansadísimos después de veinte días de viaje continuo. Y no halla ella nada más chic que hacerlos recibir por veinte personas, a ninguna de las cuales la novia conoce, y concluir de matarla de fatiga con una comida a medianoche. Y con la cara que debe traer la pobre… ¡La compadezco!

Inés podía haber profetizado más: la joven desposada se desmayó antes de concluir el banquete. La fiesta no se interrumpió, sin embargo, prolongándose hasta las seis de la mañana.


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