Pasado amor
Pasado amor Morán no se equivocó un momento al juzgar el motivo de su ausencia: la familia no habÃa querido que Magdalena se encontrara con él. Lo comprobó esa misma tarde en la barrera de reserva que bruscamente la familia habÃa levantado ante su amistad.
—Adiós simpatÃa de la señora… —se dijo Morán, al recordar su puesto de favorito—. Ahora soy el diablo.
No pensaba todavÃa cuán cerca estaba de la verdad.
En los primeros tiempos, Morán habÃa tenido el convencimiento de que los IñÃguez le ofrecÃan a Magdalena. Las revelaciones un poco insólitas sobre los sentimientos de la joven para con él; las alusiones al posible marido que le enseñara inglés; la contracabecera de honor que él ocupara al lado de Magdalena la noche del gran banquete; éstos y mil detalles más se lo habÃan demostrado.
Estaba sin embargo equivocado. Él, Morán, no era pretendiente grato para los IñÃguez.
Pero aquella inesperada oposición tuvo el privilegio de revelar a Morán toda la intensidad de su amor, que corrÃa el riesgo de dormitar eternamente en los arrullos de la complacencia. Al serle negada Magdalena esa tarde, él, que estaba seguro de que únicamente en sus manos estaba el rechazar, comprendió bruscamente todo el dolor de poder perderla.
