Pasado amor

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XVI

Al día siguiente, Morán pasó varias veces por el camino real, con la esperanza de ver a Magdalena. No la vio. Y como el juego de las probabilidades era siempre negativo para Morán cuando su corazón estaba en puesta, se dirigió esa noche de un solo galope a casa de los Hontou.

Desde la noche del baile no había vuelto a ver a Alicia. A impulso del estado de ánimo en que se encontraba, envolvió durante dos horas a la chica en una atmósfera tal de ternura, que aquélla no tuvo ocasión, en esas dos horas, de recobrar la gravedad habitual de su rostro: su inesperada felicidad vertíase de sus ojos, de sus sienes, de su sonrisa en raudales de dicha.

Al caer la tarde del día siguiente, Morán se detenía un instante en lo de Ekdal, con la vana esperanza de encontrar allí a Magdalena. Y de noche volvía otra vez a lo de Hontou, con el beneplácito de los muchachos, que le daban la mano sin tocársela casi y se retiraban, y la protección evidente de doña Asunción, que sonreía amorosamente a la pareja al pasar, y se iba también. Durante siete días completos Morán no logró ver a la que ansiaba, y Alicia absorbió, transformado en pasión, el despecho que colmaba a Morán.


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