Pasado amor
Pasado amor A las nueve en punto de la noche, Morán surgÃa del monte, y atravesando la picada fangosa se detenÃa ante la quinta ventana, contando desde el zaguán.
—No me dejan salir cuando vienes a casa —susurró Magdalena—. La última vez que estuviste lo pasé llorando hasta la hora de comer…
—¿Cómo podremos vernos? —dijo él.
—No sé… Aquà de vez en cuando… Pero nos exponemos mucho… Creen que he venido a cerrar la ventana.
—Vida mÃa… —murmuró muy bajo Morán.
Ella, que hablaba volviendo a menudo la cabeza adentro, detuvo ante él su rostro de amor, confianza, juventud, belleza y sonrió.
—¿Me quieres mucho? —preguntó él.
—¿Y tú?
—¡Inmensamente!
La expresión de Magdalena se agravó, mientras sus ojos tornaban a adquirir la profundidad de un destino que aún se ignora.
—¿Me querrás siempre? —preguntó.
A su vez, los ojos y el semblante de Morán transparentaron las lÃneas enteras de su carácter.
—A ti, sà —repuso.
