Pasado amor
Pasado amor Acababa Morán de levantarse al dÃa siguiente, cuando a la media luz de la alborada vio llegar a su casa a la negrita Adelfa que le traÃa un pedazo de papel arrancado de una libreta.
«Pablo nos descubrió anoche —le decÃa Magdalena—. He pasado la noche desesperada. A Pablo le dio un ataque al corazón, mamá estaba como loca, y Marta y LucÃa lloraban. Si no te quisiera tanto, no hubiera podido resistir tanto dolor. Tú, estáte tranquilo. Ten confianza en tu Magda. Cuando pueda escribirte otras lÃneas, lo haré; pero no sé si me será posible. Mamá ha dado órdenes severÃsimas a todos. No te inquietes. Ten paciencia y triunfaremos».
Morán contestó. A las diez llegaba otra carta, pero no ya con la negrita, a quien los IñÃguez habÃan espiado y obligado a confesar su complicidad, sino con un peón del establecimiento. Magdalena lo informaba del tremendo estado de excitación que reinaba en toda la casa, recomendándole de nuevo que se estuviera tranquilo.
Otra carta llegó aún, al anochecer, por las manos de la vieja de las mandiocas, pues el peón habÃa sido también descubierto, y echado sin más trámites.
