Pasado amor
Pasado amor La oficina de correos de Iviraromí era entonces un poco de todos. Los plantadores de yerba retiraban del montón de cartas su correspondencia urgente, y Morán había tenido buen cuidado, desde un tiempo atrás, de llegar siempre temprano a las oficinas, cuando las bolsas no habían sido aún abiertas. Ayudaba así a la distribución, lo que le permitía escamotear todas las cartas de Magdalena dirigidas a sus hermanos, pero que traían subrayada la dirección.
Tales cartas estaban escritas a su destinatario oficial, y nada se hubiera descubierto, de haber aquéllas llegado a destino. Pero Morán sabía que estaban dirigidas a él, pensando en él, con detalles y expresiones para él, y eso le bastaba.
Llegaban, bien se ve, otras cartas de Magdalena; pero éstas, sin subrayado alguno, seguían hasta sus destinatarios.
