Pasado amor
Pasado amor Casi al fin de ese mes, Morán fue una tarde advertido por Aureliana de la presencia de dos mujeres junto al molinete.
—¿Qué quieren? —preguntó.
—Hojas de eucalipto… Son las de Hontou.
Morán soltó las herramientas. Eran, en efecto, Eduvigis y Alicia.
—Y bueno, don Morán… —dijo Eduvigis, sonriendo con sus dos dientes de menos, que la chica disimulaba bastante bien cerrando los labios al sonreÃr—. También nosotras venimos a pedirle eucalipto… Pero usted no va más por casa.
—Estoy ahora muy ocupado, Eduvigis —explicó Morán.
—¿Y de ah� —Guiñó un ojo la muchacha—. ¡Tan ocupado, don Morán!… Bueno, yo voy a bajar unas hojas, si me permite…
Alicia y Morán quedaron solos. La chica alzó a él los ojos por un largo momento.
—Yo lo estaba esperando, don Máximo —dijo.
—Estaba muy ocupado —repitió Morán brevemente.
Alicia entornó los ojos, volviendo la cabeza a otro lado. Y al mirarla asà Morán, el cuerpo de frente y la cara de perfil, tornó a sentir el frémito de deseo que Alicia, sin buscarlo, despertaba siempre en él. Pero se contuvo.
