Fedra
Fedra PÁNOPE.— Señora, quisiera ocultaros una triste nueva; pero debo revelárosla. La muerte os ha arrebatado a vuestro invencible esposo, y sois ahora la única que ignora esta desgracia.
FEDRA.— ¡Pánope! ¿Qué dices?
PÁNOPE.— Que la Reina, engañada, en vano pide al cielo el retorno de Teseo, y que, por naves llegadas al puerto su hijo Hipólito acaba de saber su muerte.
FEDRA.— ¡Cielos!
PÁNOPE.— Atenas se divide por la elección de un rey Al Príncipe vuestro hijo, señora, otorga una parte su voto y la otra, olvidando las leyes del Estado, se atreve a dar sufragio al hijo de la extranjera. Hasta se dice que una insolente facción quiere colocar en el trono a Aricia y la sangre de Palante. Mi deber era advertiros acerca de este peligro. Hipólito mismo está ya pronto a partir, y se teme, aparece en esta nueva tormenta, que arrastre consigo a todo el inconstante pueblo.
FEDRA.— Es suficiente, Pánope. La reina, que te comprende, no descuidará tu importante aviso.
