Fedra
Fedra FEDRA.— Oh tú, implacable Venus, que ves la vergüenza en la que he caÃdo, ¿estoy bastante humillada? Ya no podrÃas llevar más lejos tu crueldad. Tu triunfo es perfecto; todos tus dardos han dado en el blanco. Cruel, si quieres nuevas glorias, ataca a un enemigo que sea para ti más rebelde que yo. Hipólito te huye; desafiando tu enojo, jamás ha doblado la rodilla en tus altares. Tu nombre parece ofender sus soberbios oÃdos. Véngate, diosa: son iguales nuestras querellas. Que él ame… Pero, ¿vuelves ya sobre tus pasos, Enona? Me detestan, no te escuchan.
