Fedra
Fedra ENONA.— Señora, es necesario ahogar todo pensamiento de ese vano amor. Recordad vuestra pasada virtud: el Rey a quien se creyó muerto va a presentarse a vuestra vista; Teseo ha llegado, Teseo está aquÃ. El pueblo corre y se precipita a verlo. Salà a cumplir vuestra orden y buscaba a Hipólito, cuando mil gritos subiendo hasta el cielo…
FEDRA.— Mi esposo vive; es suficiente, Enona. He hecho la indigna confesión de un amor que lo ultraja; y vive: no necesito saber más.
ENONA.— ¿Cómo?
FEDRA.— Te lo predije; mas tú no lo has querido. Sobre mis justos remordimientos prevalecieron tus lágrimas. Esta mañana hubiera muerto digna; seguà tus consejos, y muero deshonrada.
ENONA.— ENONA. ¿MorÃs, vos?
