Fedra
Fedra TESEO.— ¿Eres tú, Terámenes? ¿Qué has hecho de mi hijo? Te lo he confiado desde la edad más tierna. Pero ¿de qué provienen las lágrimas que te veo derramar? ¿Qué hace mi hijo?
TERÁMENES.— ¡Oh cuidados tardíos y superfluos! ¡Ternura inútil! ¡Hipólito no existe ya!
TESEO.— ¡Dioses!
TERÁMENES.— He visto perecer al más amable de los mortales, y también, señor, me atrevo a decíroslo, al menos culpable.
TESEO.— ¿Mi hijo ya no existe? ¿Cómo? ¿Cuando le tiendo los brazos, los Dioses impacientes han apurado su muerte? ¿Qué golpe me lo arrebató? ¿Qué súbito rayo?
