La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Nunca está justificada semejante práctica y la condenan las más prestigiosas autoridades.
El vislumbre de la índole y condiciones que de la vida del alma en el plano astral damos en este libro bastará para dar a entender claramente los motivos de la condenación.
Verdad es que a veces las almas residentes en el plano astral, impelidas por algún profundo remordimiento o por algún asunto de supremo interés para sus deudos más cercanos, se han comunicado voluntariamente con ellos y en algunos casos de excepcional gravedad hasta llegaron a materializarse momentáneamente.
Estos casos son raros, pero dignos, por lo auténticos, de mencionarse para mejor conocimiento del asunto.
El vehementísimo anhelo del alma desencarnada la mueve entonces a tomar una forma perceptible por la persona con quien desea comunicarse, de la propia suerte que también toma forma objetiva una vigorosa impresión telepática.
Pero aun en tales casos el alma afligida, la llamada vulgarmente «alma en pena», acaba por substraerse a la atracción de los intereses mundanos y se restituye a la normalidad de la vida astral, de acuerdo con las leyes de la Naturaleza.
Sabemos que al exponer estas verdades desalentamos y acaso nos concitamos la antipatía de quienes se figuran estar en frecuente comunicación con sus difuntos.