La vida después de la muerte
La vida después de la muerte No es necesario amonestar a las personas discretas en el sentido de que no intervengan ni presencien fenómenos psÃquicos de carácter material que las pondrÃan en contacto más o menos directo con los subplanos inferiores del plano astral.
Sin embargo, queremos dejar sentada esta amonestación mucho más vigorosamente que en nuestras demás obras, porque lo desconocido fascina y atrae a muchas personas, sobre todo a las que no están familiarizadas con los fenómenos del mundo astral.
Estas personas, embargadas de curiosidad, se lanzan imprudentemente adonde los ángeles temerÃan entrar y atraen todo siniestro linaje de entidades y condiciones astrales.
Nuestro consejo en este punto es que se ha de tener fijo el pensamiento en las verdades espirituales superiores, en la vida superior del alma, apartándose resueltamente de las bajas modalidades de los fenómenos psÃquicos, es decir, no buscar en modo alguno fenómenos, sino investigar continuamente la verdad, que una vez conocida esclarecerá todos los misterios y resolverá los problemas.
La curiosidad que no tiene por objeto el acrecentamiento de la energÃa mental por la adquisición de mayor suma de conocimientos es curiosidad malsana, semejante a la del niño que se abrasa la mano al tocar la estufa.