La vida después de la muerte
La vida después de la muerte A muchos les parece que el renacimiento en la tierra es algo a que está forzada el alma, aun contra su deseo.
Precisamente sucede lo contrario, esto es, que el alma renace en la tierra por deseo de vida senciente.
Nadie renace en la tierra contra su voluntad, sino porque quiso y deseó renacer.
La corriente del renacimiento arrastra a las almas porque sus deseos y aficiones se convirtieron en ansias que sólo puede satisfacer la vida terrena.
Aunque las almas no son conscientes de ello, se colocan instintivamente de nuevo bajo las operaciones de la ley de tracción que las empuja al renacimiento en el ambiente más adecuado a la manifestación y expresión de su nuevo carácter.
Hambrientas están las almas de satisfacer sus apetitos y hasta que no sacien el hambre no podrán eliminar el deseo.
Esto no significa que se hayan de satisfacer todos los deseos, porque sucede frecuentemente que las nuevas experiencias mueven al alma iluminada por la intuición a repugnar lo que antes apeteció, de suerte que por sí mismo, por consunción muere el deseo.
Pero, mientras el deseo se mantiene vivo atrae al alma hacia los objetos ambientes y circunstancias capaces de satisfacerlo. Esto sucede lo mismo en la vida astral que en la vida física.