La vida después de la muerte
La vida después de la muerte El mundo celeste de los pieles rojas es el mismo cuya idea les infunden en vida los terapeutas de su tribu; y así, cuando el alma de un piel roja despierta de su sueño se encuentra como mejor desea, rodeada de cuanto le hizo agradable la vida en la tierra, con dilatados bosques, vastísimas llanuras con numerosas manadas de búfalos y ciervos para la caza y pesca abundantísima en los caudalosos ríos.
Pero todo esto sólo existe en la imaginación del salvaje residente en el plano astral, y se le aparece como en sueño, aunque él no cree que sea tal sueño.
Dice un viejo adagio que los sueños son verdad mientras duran; y, por otra parte, aunque los sabios nos dicen que el universo fenomenal es un sueño del Absoluto, no por eso deja de ser real para nosotros.
Aun en la misma vida terrena solemos todos soñar con algo que nos parece enteramente real, y sufrimos o gozamos y sentimos y percibimos tan definidamente como en conciencia vigílica.
Quienes han estudiado por completo este asunto nos dicen que los clarividentes y cuantos se han comunicado con los moradores del mundo astral afirman la positiva existencia de los «cielos» en exacta congruencia con las enseñanzas religiosas de las tribus salvajes, por muy groseros que parezcan al hombre civilizado.