La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Conforme adelante la humanidad, muchos más ídolos caerán de su pedestal y sus fragmentos quedarán amontonados en las veredas de los siglos.
Pero cada ídolo tuvo su lugar apropiado en la historia del pensamiento religioso de la humanidad, cada uno cumplió su propósito y fue auxiliar del hombre en la incesante peregrinación hacia la Verdad absoluta.
En consecuencia, ¿no es lógico que en el plano ancestral se hayan establecido condiciones equitativas para satisfacer las necesidades religiosas de las almas, por distinta que fuese su fe de las otras en la vida terrena?
Imaginemos cuál no sería la angustia y la desesperación del alma desencarnada si en la otra vida viese invalidadas sus queridas creencias religiosas y las tradiciones de sus antepasados, sobre todo si el alma no está lo bastante adelantada para aceptar las modalidades superiores de la verdad religiosa, porque o no las comprende o las rechaza por incongruentes con los prejuicios de sus terrenas experiencias.
Tan cruel sería arrancar a un alma desencarnada sus creencias religiosas como quebrantar la fe de un creyente durante su vida terrena.
Muchos se figuran que al pasar el alma de esta a la otra vida se trasmuta por arte mágica de ignorante en sabia; pero no tiene fundamento alguno tan pueril suposición.