La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Si todo se contrajera a la vida terrena, si los anhelos, ansias, deseos, hambre y sed del alma dependieran tan sólo de las posibilidades de una sola vida terrena, entonces estarían plenamente justificadas las lamentaciones de los pesimistas y las quejas de los desalentados.
Pero en realidad tales anhelos, ansias y deseos de algo mejor pueden compararse al esfuerzo de la semilla por romper el tegumento de su epidermis y brotar en tallo que ahije, florezca y fructifique.
La semilla no puede dar hojas ni flores ni frutos mientras está sepultada en el suelo.
Pero el ocultista adelantado sabe perfectamente que las semillas del anhelo prometen florecimiento y fructificación.
La mera circunstancia de su existencia prueba la posibilidad, mejor diremos la certidumbre de su realización.
Lejos de ser motivo de desaliento debe considerarse como profecía de realización.
Fundadamente se ha dicho que «en todo anhelo subyace la certeza de su cumplimiento».
Esta promesa les parecerá a muchos ilusoria, y tendrían razón si la posibilidad de cumplimiento se contrajera a la particular vida terrena en que se sintiera el anhelo.