Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) El aire parecía congelarse aún más, y Violet sintió cómo su corazón se encogía. Xaden bajó la mirada hacia el fragmento de ónix en su mano, su expresión endureciéndose.
—Entonces tendremos que asegurarnos de que valga la pena.
El camino hacia el origen de la corrupción era un abismo de sombras y secretos. A medida que Violet y Xaden avanzaban por el estrecho valle, rodeados de montañas imponentes, el aire parecía cargarse con una energía opresiva, como si el lugar mismo los rechazara. Tairn y Sgaeyl volaban en círculos por encima, sus rugidos reverberando contra las rocas. Era un recordatorio constante de que el peligro acechaba desde cada rincón, invisible pero implacable.
Violet miró a Xaden, que caminaba a su lado, su rostro una máscara de concentración. Desde que habían salido de Basgiath, apenas había dicho una palabra. Pero no hacía falta que hablara; ella podía sentir la batalla interna que libraba. La piedra de ónix, oculta en su cinturón, irradiaba un leve resplandor que parecía llamar a algo más profundo dentro de él.
—Esto se siente mal —dijo Violet, rompiendo el silencio. Su voz apenas era un susurro, pero en ese entorno, sonaba como un trueno.
