La sangre del Olimpo
La sangre del Olimpo El silencio cayó entre ellos, incluso en medio del caos. Todos lo sabÃan. La sangre de los semidioses debÃa ser derramada, y el momento habÃa llegado. La pregunta no era si sucederÃa, sino quién serÃa el sacrificio.
El Partenón parecÃa congelado en un instante eterno, el aire pesado con la inevitable realización de la profecÃa. Gaia, más grande que nunca, extendÃa sus brazos hacia la estatua de Atenea, su rugido llenando el cielo mientras intentaba liberarse del poder que la mantenÃa contenida. Los semidioses intercambiaron miradas, y el peso de la decisión se hizo insoportable.
—Sabemos lo que se necesita —dijo Jason, su voz firme aunque su mirada temblara.
—No —interrumpió Hazel, dando un paso adelante—. No podemos simplemente aceptar esto. ¡Debe haber otra forma!
Leo, con el rostro lleno de hollÃn y su caracterÃstico humor oscuro abandonado, miró su dispositivo destrozado. —Hazel, lo hemos intentado todo. Esto es lo último que nos queda.
Piper alzó la voz, desesperada. —¡No tiene que ser asÃ! Podemos ganar sin sacrificios. Lo sé, lo siento.
