Cartas a un joven poeta
Cartas a un joven poeta Cuanto más se releen más se saborean y hacen que uno se sienta más agradecido y de alguna manera mejor y más sencillo en la percepción, más profundo en la fe en la vida y, ya en la vida misma, más dichoso y grande.
Y más tarde tiene usted que leer el maravilloso libro sobre el destino y el anhelo de Maria Grubbe, las cartas, diarios y fragmentos de Jacobsen, y finalmente sus versos, que (aunque traducidos mediocremente) viven con interminable resonancia. De paso, le aconsejarÃa que comprara la hermosa edición de las obras completas de Jacobsen. Aparecieron en tres tomos y están bien traducidas por Eugen Diederich en Leipzig y cada tomo cuesta, creo, sólo cinco o seis marcos.
Con respecto a su opinión sobre Aquà deberÃan crecer rosas (esa obra que posee una forma y una delicadeza incomparables) tiene usted toda, toda la razón contra el que ha escrito el prólogo. Le ruego que, a ser posible, lea pocas cosas de carácter estético-crÃtico; o son opiniones partidistas, rÃgidas y sin sentido en su endurecimiento carente de vida, o son hábiles juegos de palabras con los que hoy triunfa una opinión y mañana la contraria.