Cartas a un joven poeta
Cartas a un joven poeta La voluptuosidad corporal es una experiencia plena, no diferente del puro mirar o de la mera sensación con la que una hermosa fruta llena la lengua; es una experiencia grande e infinita que nos es dada, un conocimiento del mundo, la realización y el esplendor de todo saber. Y no es malo que la acojamos; lo malo es que casi todos hacen mal uso y despilfarran esta experiencia colocándola como estÃmulo en lo más fatigado de la vida y como dispersión en vez de ser concentración en el punto más alto. Los seres humanos también han convertido el comer en algo distinto. De un lado, la miseria; del otro, el exceso, han enturbiado las profundas y simples necesidades mediante las cuales se renueva la vida. Pero el individuo puede aclararlas para sà y puede vivir en la claridad (y si no el individuo, que es demasiado dependiente, sÃ, en cambio, el solitario). Puede recordar que toda belleza en los animales y en las plantas es una forma perdurable y silenciosa del amor y del deseo y puede ver a los animales, como ve a las plantas, uniéndose paciente y gustosamente, multiplicándose y creciendo no a causa del placer ni del dolor fÃsicos, sino obedeciendo a necesidades mayores que el placer y el dolor y que son más poderosas que la voluntad y la resistencia. ¡Ojalá que el ser humano perciba este secreto que llena el mundo hasta en lo más pequeño, que lo lleve en sÃ, lo soporte y sienta qué terriblemente difÃcil es en vez de vivirlo tan a la ligera! ¡Ojalá respete su propia fecundidad, que es sólo una, aunque se presente como espiritual o corporal! Porque también la creación espiritual procede de la fÃsica, forma un solo ser con ella, y es como una repetición más tenue, más asombrada y más eterna, de la voluptuosidad corporal.