Poemas a la noche
Poemas a la noche Acabado el dolor, se separó su esencia del horrible
cuerpo del sufrimiento. Arriba lo dejó.
Y la tiniebla a solas tuvo miedo
y lanzó sus murciélagos camino a la blancura.
Aún en su aleteo puede oírse
cómo oscila de noche el temor a chocarse
contra el tormento helado—. Oscuro aire sin calma
se abatía ante el cadáver. Y una aversión pesante
crecía entre los fuertes animales que velan en la noche.
Liberado su espíritu, quizás
le pareció oportuno rezagarse indolente en el paisaje.
Le parecía que aún era suficiente el martirio que había padecido.
Consideró apacible la presencia nocturna de las cosas
y sobre él se extendió como un espacio triste.
Mas la tierra reseca en la sed de sus heridas,
mas la tierra gritó desde el abismo.
Sabedor del suplicio,
