Poemas a la noche
Poemas a la noche De esa nube que irrumpe con violencia hasta cubrir la estrella
que ahí estaba —y de mí—,
de esos montes al fondo que un momento
a la noche contienen y a los vientos nocturnos —y de mí—,
de ese río en el valle que atrapa desde el cielo
la claridad de nubes que se rasgan —de mí—,
de mí y de todo ello haz una única cosa, oh Señor;
de mí y de lo que sienten los rebaños llevados al redil,
rodeados por el vaho de sus hocicos,
cuando esperan que ocurra
el enorme y oscuro acabarse del mundo;
de mí y de cada luz
entre esa muchedumbre sombría de las casas
haz una sola cosa, de mí y de los extraños,
pues ni a uno conozco, haz una sola cosa;
de mí, Señor, de mí, de los que duermen,
de los viejos ajenos del hospicio
que tosen en sus camas gravemente;
de los niños borrachos por el sueño
en el regazo de un desconocido;
