Poemas a la noche
Poemas a la noche de tanto todo incierto y de mí siempre,
nada más que de mí y de lo que ignoro
haz una sola cosa, haz la cosa, Señor,
cósmica y terrestre, igual que un meteoro, sí: la cosa
cuyo peso no es más que la suma del vuelo,
nada más que llegada.
Por qué debemos ir,
cargarnos a la espalda de extraña mercancía,
como lo haría el sirviente que transporta su cesto
de un puesto al otro puesto, poco a poco, llenándolo
con viandas ajenas,
sin poder preguntar a su patrón:
«para qué este banquete».
Por qué debe uno estar como un pastor
que expuesto a la intemperie de tantas influencias,
participando tanto del espacio del puro acontecer,
ha apoyado en un árbol del paisaje
su destino completo sin hacer nada más;
y aún, en cambio, le falta
en su mirada demasiado abierta
la queda mansedumbre del rebaño.